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Antes de caer en manos de María Lladó, pasé por manos de muchas clases, como un billete de quinientos euros.

Recuerdo especialmente las de una madame francesa, que -con huracanes de grandeza- puso en duda mi edad y me descartó con un movimiento de barbilla de esos que se clavan en el corazón del juanete. Ya me entiendes. Qué poco sabía esa señora de arte pero cuánto se lo agradecí. Si no es por ella, nunca habría conocido a María.

Ocurrió hace mucho tiempo en el Rastro de Madrid, un domingo vintage. María entró en la tienda en la que llevaba meses y tardó un segundo en verme, dos en hacerme ojitos, tres en preguntar por mí, diez en comprarme, y sesenta en hacerme sentir el pie más importante de su vida. ¡Sin conocerme de nada!

Ya en su almacén, me envolvió en una tela de seda turca y ahí me dejó al lado de una vajilla inglesa de los años 40 un tiempo , no sabría decirte cuánto. Lo que sí sé es que esa noche, como no podía dormir, me puse a mirar revistas de decoración.

Y entonces, en el AD, leí: “María Lladó: la decoradora que enamoró a Woody Allen», casi me da algo. “Lidia con todo y lo mezcla: el pasado, el presente, el futuro, el abolengo y la castañuela, lo chic y lo hortera, arte y baratijas, el siglo XVIII y los 70”. Por favor.

Mira el Marie Claire de Francia: “L´enfant terrible de la décoration, se la rifan las publicaciones de decoración más prestigiosas.” Ay madre.

En el SMODA: “Con alma rockera y espíritu indómito, la diseñadora de interiores María Lladó es una conquistadora nata.” Bueno, qué total.

Y mi favorita: la definición de Manolo Moreno, Director Creativo de Zapping: “María no es un ser humano, es una batidora con tres marchas. Pasa de 0 a 1000 en cero coma. Mezcla esto con aquello y con un poquito de lo otro, sin miedo a nada, con las botas de tacón a saco y con un corazón grande como el ego de Lars Von Trier y claro, de esto sale la sorpresa, lo nunca visto y el fíjate que a mí no se me hubiera ocurrido ni loca, lo maravilloso, en resumen.”

Todo apuntaba a que María Lladó iba a ser lo mejor que me podía haber pasado en la vida. Y no me equivoqué.

Porque María es única (ya te habrás dado cuenta). No decora casas, monta escenografías, como ella dice, vivibles, alegres, cálidas. Si no la has visto nunca montar una casa en directo, no sabes lo que te pierdes.

¿Que de dónde le viene? Sígueme y te cuento. María estudió Bellas Artes en el Corcovan Institut of Art en Washington DC y fotografía con Isabel Matoses. Con ella ganó varios premios Kodak y un Isabel Matoses (los que entienden saben que no es poca cosa).
Más tarde se pasó a la publicidad, fue directora de arte y directora creativa en agencias como BBDO, DDB, TAPSA (ganó premios en San Sebastián y en One Show), pero pronto se aburrió y se fue a Londres, a estudiar diseño y arte a la San Martins.
Si te digo la verdad, me apuesto el desconchón del empeine a que el talento ya le venía de serie. He visto tanto.

Me ha llevado a palacetes, a casas de pueblo, a pisos señoriales y a apartamentos de veraneo; por posar, he posado hasta en un faro. He compartido salón con obras de Picasso, me he frotado con cortinas del siglo pasado y del que viene, he sido iluminado por lámparas más viejas que yo, que ya es decir, he estado a los pies de cuadros de Miró y roto algún meñique.

María, mi adorada y dulce María, la decoradora inesperada, la mujer de mi vida, gracias por darme piernas. Im dadaistischen manifest teilten die dadaisten https://hausarbeit-agentur.com/ghostwriting die möglichkeiten dadaistischer literatur mit das bruitistische gedicht, das simultanistische gedicht.